martes, 10 de mayo de 2011

Esas fiestas que nunca defraudan

Desde mi primer torneo las finales son un día clave, porque se acaba, y porque el trabajo bien hecho hay que celebrarlo. Aunque las fuerzas estén bajo mínimos a la mayoría aún nos queda algo guardado para darlo todo en la noche del domingo, y tengo que felicitaros porque este año los taquilleros han aguantado como los que más.

Ya quedaron atrás las fiestas en Mármara, y con el Damm de la Caja nos vale para montar la fiesta. Tras reponer algo de fuerzas con unas pizzas, procedimos a la entrega de bandas y diplomas 2011. Mister ventas, mister descuadre, miss simpatía... esto se merece un post aparte así que prometo contaros todos los títulos con fotos incluídas.

La pizza costaba tragarla, y con el bajón de la inexistente barra libre empezamos a contar el dinero para ver hasta donde nos llegaba. Pero apareció Rodrigo o "Mister Contactos" para saciar nuestra sed, y se sacó unos tickets del bolsillo para tomarnos unas copas. Los ojos se nos abrieron como platos y empezamos a ver la noche de manera diferente.

Las primeras cañas, mojitos, hubo quien ya se atrevía con las copas, hicieron acto de presencia. Pero el cansancio era difícil de disimular y costaba mantenerse en pie, sujetar la copa y poner un poco de interés en seguir el ritmo de la música con el cuerpo. Y lo peor llega cuando decides sentarte, simplemente por probar los sillones blancos. Aquello parecía el fin, pero no fue así. Los taquilleros del Open tienen algo especial que hasta en los momentos más bajos son capaces de salir a flote, y aunque la música sonara igual durante toda la noche, una segunda copa hace que bailes como si lo que sonara fuera lo último de David Guetta o algo de los Black Eyed Peas. Y así fue pasando la noche, con visita incluída a la tierra batida. Una sensación impresionante pasar por el túnel de vestuarios y pisar la pista donde unas horas antes los dos mejores tenistas del mundo se habían batido en duelo. Tras las fotos de rigor volvimos al Damm y empezaban a producirse las primeras bajas, y si se acabaron yendo no sería por mi, que mira que fui pesada para que nadie se fuera.
Los que quedaban seguían animados y llegó el momento flamenquito de la noche. Al lado del escenario Miriam se arrancó y Patri la siguió. Allí empezó un duelo de fandangos y peteneras. ¡Ole que arte sin descubrir hay en taquillas!

La música empezaba a bajar el volumen y nos empezaron a pedir educadamente que fuéramos desalojando. Eran nuestros últimos momentos en la Caja Mágica, y con las ganas de juerga que teníamos era difícil cortar la fiesta en seco, así decidimos seguir por nuestra cuenta con nuestra "Niña Pastori" particular y se nos sumaron algunos desperdigados que aun quedaban por allí. Visita a la oficina para recoger pertenencias y de paso mas bulerías. Gargantas bajo mínimos, pero ganas de fiesta por las nubes. La continuamos en el ascensor, gran momento con la melodía "qué apostamos?". Y allí llegó la despedida, como si un día de torneo por la mañana se tratara, unos a Embajadores y otros a Perales.

Con los que éramos dejamos la parada de taxis vacía y Manu, Tamara y yo a la espera de los siguientes. Pero se hicieron de rogar y el barrio de San Fermín, carne de cañón para Callejeros, no es el mejor lugar para pasar la noche. Apareció un chico con su "buga", típico protragonista del programa que acabo de mencionar un "Ramón de Pitis o el del orden y la ley", y a nuestro querido Manu no se le ocurre otra cosa que llamarle. Cuando se paró a nuestro lado comienza una conversación con el individuo, y le acaba preguntando si le llevaba a "Cuatroca". El chico decía que si le guiaba le llevaba y nosotras intentando que Manu dejara que se fuera, por fin conseguimos que marchara, y con una despedida choni en toda regla, es decir marcando ruedas, le perdimos de vista. Por fin llegó un taxi y gran idea de Tamara que nos acercara a la avenida de Andalucía si queríamos llegar a casa con todas nuestras pertenencias.

A esta noche le sumamos las anécdotas de otros años: asaltos a la oficina, el taxista rumano, visita por los stands por si se dejan algo...de nuevo una fiesta genial, y a la mañana siguiente toca despertarse entre la sensación de alivio de haber acabado y poder descansar, y la pena de no compartir algún momento más con los grandes taquilleros. Esto no ha acabado, aún quedan cosas que contar.

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